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Hoy 19 de diciembre celebramos ...

"La palabra del Señor permanece para siempre. Y esa palabra es el Evangelio que os anunciamos" (1 P 1,25: cf. Is 40,8). Esta frase de la Primera carta de san Pedro, que retoma las palabras del profeta Isaías y con las que comienza Benedicto XVI la exhortación apostólica "Verbum Domini", nos pone frente al misterio de Dios que se comunica a sí mismo mediante el don de su palabra. Esta palabra, que permanece para siempre, ha entrado en el tiempo. Es la buena noticia. Éste es el anuncio que, a través de los siglos, llega hasta nosotros.

HOY 19 DE DICIEMBRE ... MIÉRCOLES DE LA III SEMANA DE ADVIENTO
CELEBRAMOS MEMORIA DEL BEATO URBANO V, PAPA

Hoy la Iglesia celebra la memoria litúrgica del beato Urbano V, papa, que, siendo monje, fue elevado a la cátedra de Pedro y se preocupó en retornar la Sede Apostólica a la Urbe y de restituir la unidad a la Iglesia (elog. Martirologio Romano).
 
Guillaume de Grimoard, que así se llamaba antes de su elección papal, era de noble familia por lo que recibió una esmeradísima educación en Montpellier y Toulouse. Aunque hijo de un caballero y destinado a la carrera de las armas, se hizo monje benedictino en el priorato de Chirac, cerca de su ciudad natal. Estudió en las universidades de Toulouse, Montpellier, París y Aviñón, y en 1342 se doctoró y enseñó derecho canónico en todas ellas.

Al morir el papa Inocencio VI en diciembre de 1361, ascendió al solio en 1362 bajo el nombre de Urbano V y se trasladó de Italia a Aviñón, donde le habían elegido los cardenales y donde habían residido los papas durante más de cien años. Posteriormente viajó a Roma con el fin de confirmar con su presencia la reconquista de los Estados Pontificios por el cardenal Albornoz. Tuvo una acogida apoteósica, pero con el tiempo comenzó a sentirse extraño en Roma y deseó regresar a su país natal. Una nueva guerra entre Francia e Inglaterra le decidió a volver. Durante su pontificado patrocinó muchas misiones y fomentó la cultura, ayudando a muchas universidades y fundando las de Cracovia y Viena. Espléndido mecenas de casi todas las universidades de su tiempo, creó muchas becas; construyó también la abadía de San Víctor de Marsella. Le sucedió Gregorio XI y fue beatificado en 1870 por Pió IX.

Primera Lectura: Lectura del libro de los Jueces 13, 2-7. 24-25a
.
 
En aquellos días, había en Sorá un hombre de la tribu de Dan, llamado Manoj.
Su mujer era estéril y no había tenido hijos.
El ángel del Señor se apareció a la mujer y le dijo:
—«Eres estéril y no has tenido hijos. Pero concebirás y darás a luz un hijo;ten
cuidado de no beber vino ni licor, ni comer nada impuro, porque concebirás y darás
a luz un hijo. No pasará la navaja por su cabeza, porque el niño estará consagrado a
Dios desde antes de nacer. Él empezará a salvar a Israel de los filisteos.»
La mujer fue a decirle a su marido:
—«Me ha visitado un hombre de Dios que, por su aspecto terrible, parecía un
mensajero divino;pero no le pregunté de dónde era, ni él me dijo su nombre. Sólo
me dijo: "Concebirás y darás a luz un hijo: ten cuidado de no beber vino ni licor, ni
comer nada impuro;porque el niño estará consagrado a Dios desde antes de nacer
hasta el día de su muerte."»
La mujer de Manoj dio a luz un hijo y le puso de nombre Sansón.
El niño creció y el Señor lo bendijo.
Y el espíritu del Señor comenzó a agitarlo..

Salmo responsorial Sal 70, 3-4a. 5-6ab. 16-17 (R/.: cf. 8ab).
Que mi boca esté llena de tu alabanza y cante tu gloria.

Sé tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve, porque mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa.
R/. Que mi boca esté llena de tu alabanza y cante tu gloria.

Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías.
R/. Que mi boca esté llena de tu alabanza y cante tu gloria.

Contaré tus proezas, Señor mío, narraré tu victoria, tuya entera.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas.
R/. Que mi boca esté llena de tu alabanza y cante tu gloria.
 
Evangelio: Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 5-25
 
En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón llamada Isabel.
Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada.
Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según el ritual de los sacerdotes, le tocó a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso.
Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor.
Pero el ángel le dijo:
—«No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto.»
Zacarías replicó al ángel:
—«¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada.»
El ángel le contestó:
—«Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios;he sido enviado a hablarte para darte esta buena noticia. Pero mira te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento.»
El pueblo estaba aguardando a Zacarías, sorprendido de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo.
Al cumplirse los días de su servicio en el templo volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir cinco meses, diciendo:
—«Así me ha tratado el Señor cuando se ha dignado quitar mi afrenta ante los hombres.».


Meditación del Evangelio
 
¿De dónde viene esta vida, esta interioridad tan fuerte, tan recta, tan coherente, gastada así completamente por Dios, y preparar el camino para Jesús? La respuesta es simple: de la relación con Dios, de la oración, que es el hilo conductor de toda su existencia. Juan es el don divino por mucho tiempo invocado por sus padres, Zacarías e Isabel; un don inmenso, humanamente inesperado, porque ambos eran de edad avanzada y Isabel era estéril; pero nada es imposible para Dios.

El anuncio de este nacimiento se produce en el lugar de la oración, en el templo de Jerusalén, es más, sucede cuando a Zacarías le toca el gran privilegio de entrar en el lugar santísimo del templo para quemar incienso al Señor. También el nacimiento de Juan el Bautista estuvo marcado por la oración: el canto de gozo, de alabanza y de acción de gracias que Zacarías eleva al Señor, y que recitamos cada mañana en los Laudes, el "Benedictus", exalta la acción de Dios en la historia y muestra proféticamente la misión de su hijo Juan: preceder al Hijo de Dios hecho carne, para preparar sus caminos. Toda la existencia del Precursor de Jesús es alimentada por una relación con Dios, especialmente el tiempo de permanencia en el desierto.  (Homilía de Benedicto XVI, 29 de agosto de 2012).

Licencia Creative Commons El texto "Hoy 19 de diciembre celebramos..." creado para www.jesusdelahumillacion.org, está basado en textos del "Calendario Litúrgico-Pastoral" editado por la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española.

Imagen principal: Tabla de Urbano V conservada en la Pinacoteca Nazionale di Bologna (By Sailko - Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=51235257).