
"La palabra del Señor permanece para siempre. Y esa palabra es el Evangelio que os anunciamos" (1 P 1,25: cf. Is 40,8). Esta frase de la Primera carta de san Pedro, que retoma las palabras del profeta Isaías y con las que comienza Benedicto XVI la exhortación apostólica "Verbum Domini", nos pone frente al misterio de Dios que se comunica a sí mismo mediante el don de su palabra. Esta palabra, que permanece para siempre, ha entrado en el tiempo. Es la buena noticia. Éste es el anuncio que, a través de los siglos, llega hasta nosotros.
En la obra "Mística Ciudad de Dios" escrita en el siglo XVII por la venerable Sor María Jesús de Ágreda encontramos los detalles de este acontecimiento extraordinario sucedido en la romana Caesaragusta en la medianoche del 2 de enero del año 40. Singular suceso porque se trata de la primera de las apariciones marianas de la historia que, además, tuvo lugar cuando la Virgen todavía vivía en carne mortal y que originó la construcción del que es también posiblemente el primer templo mariano del mundo cristiano. Pilar que ha seguido inamovible a lo largo de casi dos mil años sosteniendo una tradición que es emblema de la devoción a María de todo un pueblo que, como escribiera Florencio Jardiel en su himno, "te adora y de tu amor favor implora, y te aclama y te bendice abrazado a tu Pilar".
Escuché una voz potente que decía desde el trono: «Esta es la morada de Dios con los hombres. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios».
Oración colecta
Oh Dios, que de modo inefable has edificado
un templo santo para tu Hijo ,
con la presencia singular de Santa María la Virgen,
concédenos adorarte en el Espíritu Santo y en la verdad,
siguiendo fielmente la gracia del bautismo,
para merecer convertimos nosotros también
en templos vivos de tu gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Primera Lectura: Lectura del Libro del Apocalipsis 21, 1-5a
Vi entonces un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar ya no existía. Y vi bajar del cielo, de junto a Dios, a la ciudad santa, la nueva Jerusalén, ataviada como una novia que se adorna para su esposo. Y oí una voz potente que decía desde el trono: «Esta es la morada de Dios con los hombres, Él habitará con ellos y ellos serán su pueblo, Dios en persona estará con ellos y será su Dios Él enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor, pues lo de antes ha pasado». Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Todo lo hago nuevo».
Salmo Responsorial: Jdt 13. 18bc-19.
Tú eres el orgullo de nuestro pueblo.
R/. Tú eres el orgullo de nuestro pueblo.
R/. Tú eres el orgullo de nuestro pueblo.
R/. Tú eres el orgullo de nuestro pueblo.
Dios te salve, santa María, templo de justicia,
templo de piedad para nosotros, pecadores.
Dios te salve, templo lleno del Espíritu Santo,
que el Padre eligió para el Hijo.
Evangelio: Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
Reflexión de San Juan Pablo II (Ángelus del 15 de noviembre de 1987)
Desde entonces "el Pilar de Zaragoza" (como se le llama en España), es considerado "el símbolo de la firmeza de fe de los españoles" (Homilía, cit.), y es al mismo tiempo una indicación del camino que lleva al conocimiento de Cristo por medio de la predicación apostólica. En este sentido, se cumple de forma significativa lo que he escrito al respecto en la Encíclica Redemptoris Mater: "Los que a través de los siglos, de entre los diversos pueblos y naciones de la tierra, acogen con fe el misterio de Cristo, Verbo encarnado y Redentor del mundo, no sólo se dirigen con veneración y recurren con confianza a María como a su Madre, sino que buscan en su fe el sostén para la propia fe" (n. 27).
Por eso, multitud de cristianos de todas las épocas han proclamado Bienaventurada a la Virgen del Pilar.
Los cristianos de España han visto en el "pilar" una clara analogía con esa columna que guió la peregrinación del pueblo de Israel hacia la Tierra prometida (cf. Núm 14, 14). Y así, a lo largo de los siglos, ellos han podido cantar: "Columnam ducem habemus" (cf. Misa de la Virgen del Pilar, ant. de entrada). Sí, tenemos como guía una columna que acompaña al nuevo Israel, a la Iglesia, en su peregrinar hacia la Tierra prometida, que es Cristo el Señor. La Virgen del Pilar es el "faro esplendente", el "trono de gloria", que guía y consolida la fe de un pueblo que no se canta de repetir en la Salve Regina: "Muéstranos a Jesús".
Recibe, Señor,
los dones que te presentamos con alegría
en la conmemoración de la venida de santa María del Pilar,
cuya vida es para nosotros modelo de oración y de alabanza,
y concédenos vivir como ella para ofrecerte un sacrificio verdadero.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque te has preparado una morada en nosotros,
purificada e iluminada por el Espíritu Santo
y santificada con tu presencia.
La Virgen María,
por el misterio de la encarnación,
y por su fe obediente,
se convirtió en templo singular de tu gloria,
casa de oro
adornada por el Espíritu con toda clase de virtudes,
palacio real resplandeciente por el fulgor de la Verdad,
ciudad santa que alegran los ríos de la gracia,
arca de la nueva Alianza que contiene al Autor de la nueva ley,
Jesucristo, Señor nuestro.
Por él,
los ángeles y los arcángeles
te adoran eternamente,
gozosos en tu presencia.
Permítenos unirnos a sus voces
cantando tu alabanza:
Santo, Santo, Santo,…
Antífona de comunión (Cf. Sal 45)
Dichosa eres, Virgen María,
morada consagrada del Altísimo;
teniendo a Dios en medio, no vacilas.
Oración después de la comunión
Alimentados con esta eucaristía,
haz, Señor, que te sirvamos con una conducta libre de pecado
y, siguiendo el ejemplo de la Virgen María,
te veneremos presente en nuestros hermanos
y proclamemos con ella tu grandeza,
alabándote sinceramente.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
El texto "Hoy 2 de enero celebramos..." creado para www.jesusdelahumillacion.org, está basado en textos del "Calendario Litúrgico-Pastoral" editado por la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española.
Imagen principal: Paso de la "Venida de la Virgen a Zaragoza" obra de Francisco de Borja y que procesiona cada 13 de octubre por las calles de Zaragoza en el "Rosario de Cristal" (fotografía de David Beneded).
