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Fotografía principal: salida de los atributos principales de la Cofradía y del paso titular (fotografía de Manuel Pelet). Fotografías secundarias: la procesión discurriendo por la calla Alfonso I (fotografía de Jorge Sánchez); el paso titular de “Jesús de la Humillación” por la calle Don Jaime I, a la altura de la Plaza de la Seo (fotografía de Pedro Lobera); regreso del cortejo procesional a nuestra sede canónica culminando la salida procesional (fotografía de “PasiónZgZ”).

A las siete de la tarde del Domingo de Ramos se inicia nuestra primera salida procesional durante la Semana Santa en la que, portando el paso titular de “Jesús de la Humillación”, rememoramos el camino que siguió Cristo hasta su muerte en la Cruz a través de la predicación y rezo de las catorce estaciones que componen el Vía Crucis, ese ejercicio piadoso tan potenciado por las órdenes franciscanas, y por lo tanto, enraizado directamente con la propia génesis de las procesiones.

Como indica el “Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia” de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (Sede Vaticana, 2002), el Vía Crucis es la síntesis de varias devociones surgidas desde la alta Edad Media: la peregrinación a Tierra Santa, durante la cual los fieles visitan devotamente los lugares de la Pasión del Señor; la devoción a las “caídas de Cristo” bajo el peso de la Cruz; la devoción a los “caminos dolorosos de Cristo”, que consiste en ir en procesión de una iglesia a otra en memoria de los recorridos de Cristo durante su Pasión; la devoción a las “estaciones de Cristo”, esto es, a los momentos en los que Jesús se detiene durante su camino al Calvario, o porque le obligan sus verdugos o porque está agotado por la fatiga, o porque, movido por el amor, trata de entablar un diálogo con los hombres y mujeres que asisten a su Pasión.

A lo largo de los siglos, ha recibido las alabanzas e indulgencias de los principales prelados de la Iglesia. El Santo Padre Emérito Benedicto XVI, dijo del Vía Crucis que «es una escuela de fe que, por su propia naturaleza actúa por la caridad, en donde el Dios que comparte nuestras amarguras, el Dios que se ha hecho hombre para llevar nuestra cruz, quiere transformar nuestro corazón de piedra y llamarnos a compartir también el sufrimiento de los demás; quiere darnos un corazón de carne que no sea insensible ante la desgracia ajena, sino que sienta compasión y nos lleve al amor que cura y socorre».

Esta procesión, nuestra “titular”, apenas ha variado desde la fundación, exceptuando pequeños cambios en los recorridos. Pero incluso estos han tenido siempre lugares emblemáticos que no han variado nunca. Y es que uno de los objetivos del itinerario también es adentrarnos en un ambiente propicio para el recogimiento y la oración recorriendo alguno de los principales templos y lugares de la ciudad, no solo por el reconocido valor artístico, arquitectónico y religioso del cuadro monumental, con sus resquicios “caesaraugustanos”, sus torres mudéjares declaradas patrimonio de la humanidad, sus variados palacios renacentistas, sus templos barrocos o sus neoclásicos y modernistas edificios del casco histórico, sino por buscar como fondo los dos centros de mayor religiosidad de la bimilenaria Zaragoza, las dos catedrales, la Basílica de Nuestra Señora del Pilar y La Seo del Salvador.

El recorrido realizado el Domingo de Ramos de 2013 variaría ligeramente del realizado en años anteriores. A las sustituciones ya ejecutadas con motivo de las obras del tranvía del año anterior, se unió el paso por algunas de las plazas más significativas del centro histórico, como las de la Santa Cruz y Ariño, quedando de la siguiente manera: Plaza de San Felipe, Gil Berges, Fuenclara, Alfonso I, Plaza del Pilar, Don Jaime I, Espoz y Mina, Santa Cruz, Plaza Santa Cruz, San Voto, Plaza Ariño, Don Jaime I, San Jorge, Pedro Joaquín Soler, Verónica, Eusebio Blasco, Coso, Don Jaime I, Estébanes, Ossaú, Méndez Núñez, Torrenueva, Plaza de San Felipe, finalizando en la Iglesia Parroquial de San Felipe y Santiago el Menor, a las 22:30 horas aproximadamente.

Como hemos indicado, a lo largo del recorrido la Cofradía se detiene en cada una de las estaciones para anunciar, a los cuatros vientos, no un discurso vano y vacío, sino un mensaje de amor, de igualdad, de fraternidad, de justicia, pues como nos recordaba también el Santo Padre Emérito, «el Vía Crucis nos muestra un Dios que comparte los sufrimientos de los hombres». Porque la Cofradía en la calle se hace testigo de que en esta sociedad es posible vivir de otra manera, contracorriente, porque otro mundo es posible viviendo desde el Evangelio.


Licencia Creative Commons El texto "Procesión del Vía Crucis" creado por David Beneded Blázquez para www.jesusdelahumillacion.org, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 3.0 España. Zaragoza, 2007-2018.

Fotografía principal: salida de los atributos principales de la Cofradía y del paso titular (fotografía de Manuel Pelet). Fotografías secundarias: la procesión discurriendo por la calla Alfonso I (fotografía de Jorge Sánchez); el paso titular de “Jesús de la Humillación” por la calle Don Jaime I, a la altura de la Plaza de la Seo (fotografía de Pedro Lobera); regreso del cortejo procesional a nuestra sede canónica culminando la salida procesional (fotografía de “PasiónZgZ”).