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Fotografía principal: corbatín en el guión de la Cofradía que hace referencia a nuestra pertenencia a la Parroquia de San Felipe (fotografía de David Beneded). Fotografías secundarias: hermanos de la Cofradía junto a otros de las cofradías de la Coronación de Espinas y la del Santísimo Ecce Homo portando el “Cristo del Perdón” durante un “Vía Crucis” de la Parroquia (fotografía de César Catalán); diferentes momentos de cultos de la Cofradía celebrados en el altar mayor de nuestra sede canónica, la Parroquia de San Felipe y Santiago el Menor (fotografías de Ángel Beneded).

La Cofradía es parte integrante del Cuerpo de Cristo y, como tal, debe dejarse llenar del Espíritu para descubrir sus respectivas funciones específicas como parte de la Iglesia así como para que, a través de su carisma y actuación, cada uno de sus hermanos descubran la misión a la que es llamado por Dios.

Pero, para ello, y como miembros de la Iglesia, ¿acaso podremos prescindir del resto de los miembros del Cuerpo de la Iglesia?; y más aún, ¿podremos prescindir de Cristo, su Cabeza?. La Cofradía, pese a ofrecer -como otras congregaciones y asociaciones de fieles- rasgos específicos, tenemos en común con todas ellas lo fundamental: nuestra fe en Cristo y en su Palabra.

De ahí que, como miembros de un movimiento eclesial, debemos alimentarnos de actuaciones que son la base de la vida cristiana: la lectura de la Palabra como revelación del Plan de Dios concretado en la Historia de la Salvación; la Catequesis como proceso de formación y maduración de nuestra fe personal y comunitaria; la participación en los Sacramentos como cauce e impulso de una vida renovada de fidelidad a Cristo muerto y resucitado; la oración como punto y lugar de encuentro con el plan que Dios tiene para nosotros particularmente; la vida en la caridad y el amor como signo inequívoco de nuestra fraternidad con Cristo y nuestra filiación del Padre.

Pues bien, todo eso es lo que, principalmente, nos ofrece la parroquia. La parroquia es la visión de la Iglesia dentro de la ciudad, en el barrio; ella nos ofrece los medios para vivir la vida cristiana. Y es, después de la familia y la propia comunidad cristiana en la que vivimos nuestra fe, la célula básica de la Iglesia, la “comunidad de referencia” en la cual nos unimos a nuestros hermanos más cercanos, a los sacerdotes y pastores que nos asisten y al resto de las comunidades eclesiales. Como cristianos, estamos llamados a formar parte de ella, bien en la propia, a la que cada uno pertenece en función del lugar en el que vive o, de manera especial, en la que todos nosotros nos integramos por ser la sede canónica de la Cofradía.

De ella es de la que os vamos a hablar ahora. Porque la Parroquia de San Felipe y Santiago el Menor es más que la sede “oficial” en donde quedó establecida la Cofradía y mucho más que un mero punto de partida de nuestras salidas procesionales. Nos han acogido, desde incluso antes de nuestra fundación, con los brazos abiertos. No sólo nos permiten que en una de las históricas capillas del templo podamos exponer al culto durante todo el año a nuestras Sagradas Imágenes Titulares. No solo nos permiten que "tomemos" sus dependencias durante una semana al año sino que, además, nos han permitido que nuestra sede social, nuestra "casa de hermandad", el lugar en donde nos reunimos, en donde la Junta de Gobierno trabaja y nos atiende, el sitio en donde guardamos nuestro patrimonio, quede integrado en su complejo parroquial.

Poco a poco, hemos convertido "San Felipe" (como habitualmente le llamamos) en el centro y eje de nuestra vida cofrade. Allí hacemos prácticamente todo: desde los capítulos, juntas y reuniones de trabajo hasta cultos y celebraciones litúrgicas, pasando por todo tipo de actividades, desde las más lúdicas a las más formativas. En definitiva, gracias a la Parroquia la Cofradía puede cumplir de una manera más eficaz los requisitos de "evangelicidad" y "eclesialidad" y, desde luego, seguir siendo, como nos dice Benedicto XVI, "escuela de fe vivida y taller de santidad”.

Por eso, todos nosotros debemos involucrarnos en su vida, y junto a sacerdotes y laicos que integran los otros movimientos eclesiales debemos luchar porque no haya en ningún caso elementos que dificulten la unidad ni, mucho menos -por supuesto-, que estorben una auténtica vida de comunidad y fraternidad en atención a los diversos carismas. La unidad de la parroquia y la integración entre laicos y de estos con los consagrados, es el elemento primordial para llegar a Dios. Sólo de esta unidad se puede hacer de nuestra Iglesia una Iglesia universal: la de todos los hijos de Dios.

Datos de la Parroquia:

Iglesia Parroquial de San Felipe y Santiago el Menor.
Perteneciente al Arciprestazgo Centro de la Vicaría I de la Archidiócesis de Zaragoza.
Plaza de San Felipe, s/n. 50003 - Zaragoza.

Horarios de eucaristías:

De lunes a sábados: a las 10:30 horas (todos los lunes a las 10:30 horas, misa por San Expedito).
Domingos y festivos a las 12.00 horas.

Misa Mensual de la Cofradía:

Tercer domingo de cada mes a las 12:00 horas, con la participación de nuestro Coro.

Despacho Parroquial:

Párroco: Rvdo. Sr. D. Sergio Blanco Izar
Apertura: martes, jueves y viernes en horario de tarde de 18.30 a 20.30 horas.
Teléfono: 976 29 86 56 
 

Licencia Creative Commons El texto "Nuestra comunidad parroquial" creado por David Beneded Blázquez para www.jesusdelahumillacion.org, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 3.0 España. Zaragoza, 2007-2016.

Fotografía principal: corbatín en el guión de la Cofradía que hace referencia a nuestra pertenencia a la Parroquia de San Felipe (fotografía de David Beneded). Fotografías secundarias: hermanos de la Cofradía junto a otros de las cofradías de la Coronación de Espinas y la del Santísimo Ecce Homo portando el “Cristo del Perdón” durante un “Vía Crucis” de la Parroquia (fotografía de César Catalán); diferentes momentos de cultos de la Cofradía celebrados en el altar mayor de nuestra sede canónica, la Parroquia de San Felipe y Santiago el Menor (fotografías de Ángel Beneded).