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PROCESIÓN DEL SANTO ENTIERRO - Fotografía principal: el “Santísimo Cristo de la Cama”, durante la procesión del “Santo Entierro”, concretamente la del año 2017 cuando se conmemoraba el cuarto centenario de la primera salida documentada de dicha procesión (fotografía de David Beneded). Fotografías secundarias: salida de nuestros titulares para incorporarnos al “Santo Entierro”, única procesión en la que ambos pasos salen juntos (fotografía de Mario Gambra); guión de la Cofradía tras la imagen titular de la Cofradía del Santísimo Ecce Homo y Nuestra Señora de las Angustias (fotografía de Jorge Sánchez); el Cetro de nuestra Cofradía tratando sobre el discurrir de nuestra participación en la procesión con un hermano receptor de la Hermandad de la Sangre de Cristo (fotografía de David Beneded).

Finalmente, en la tarde del Viernes Santo y tras la celebración en nuestra Parroquia de los Santos Oficios, la Cofradía inicia su salida procesional para su incorporación a la “Procesión del Santo Entierro” organizada por la Muy Ilustre, Antiquísima y Real Hermandad de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre de Dios de Misericordia.

En esta magna procesión participamos con nuestros dos pasos titulares ocupando el lugar indicado por la Hermandad de la Sangre de Cristo, tras la Cofradía del Stmo. Ecce Homo, y siguiendo puntualmente las indicaciones de sus responsables.

Nuestra presencia en esta procesión tiene varios objetivos importantes. Por una parte, y junto a las demás cofradías de nuestra Semana Santa, anunciamos a Jesucristo haciendo presente su Pasión y Muerte a través de una magna manifestación catequética que, sin lugar a dudas, es el acto religioso de mayor tradición y arraigo popular de cuantos se celebran en la ciudad.

Por otra parte, renovamos el compromiso adherido con la Hermandad de la Sangre de Cristo al participar en su procesión, que también es la nuestra, puesto que todos los hermanos de nuestra Cofradía tenemos la consideración de “Hermanos Espirituales” de la citada Hermandad, con los derechos y obligaciones que de ello se desprenden. Entre los beneficios y gracias espirituales que podemos lucrarnos con nuestra asistencia al “Santo Entierro” se encuentran las concedidas por el Santo Padre Alejandro VII en el año 1666, renovadas posteriormente por Pío VII con cinco Breves con fecha 20 y 24 de septiembre de 1819 y rubricadas en la Basílica de Santa María la Mayor de Roma, y por las que «para mayor aumento de la devoción concede su Santidad perpetuamente indulgencia plenaria y remisión de todos los pecados, a todos los fieles de ambos sexos que confesados y comulgados visitasen la iglesia de la Real Casa de Santa Isabel y acompañasen la procesión del Viernes Santo que celebra la Hermandad en dicho día, orando devotamente por la paz y concordia de los Príncipes cristianos, extirpación de las herejías y exaltación de la Santa Iglesia» [1]

Pero, ante todo, la finalidad no es otra que acompañar hasta el sepulcro el Cuerpo de Jesús, tras haber sido bajado de la Cruz, tal y como hicieron hace casi 2000 años un pequeño grupo de sus discípulos. Es decir, superar el cansancio, las dificultades y cualquier tipo de obstáculo para estar con un Amigo. Y además hacerlo con la esperanza y el gozo que supone el que no creemos en un muerto. “¿Qué tendrá este muerto que a tantos inquieta?, pues que vive, que es ¡el Cristo resucitado!”.

Orígenes de la “Procesión del Santo Entierro”

Varias han sido las hipótesis barajadas sobre el origen de la procesión del “Santo Entierro”. Diferentes reseñas históricas atestiguan la existencia de varias procesiones en nuestra ciudad celebradas en los días centrales de la Semana Santa aunque no llegan a arrojar la luz necesaria para precisar si realmente alguna de ellas se trataba de la procesión del entierro de Cristo.

La más pretérita de estas referencias, señalada por el Padre Roque Alberto Faci -quién a su vez recogía los escritos del agustino Fr. Antonio Alegre y Casanate- situaría en el Convento de los Carmelitas Observantes como el lugar en donde tendría su origen la procesión del “Santo Entierro” en nuestra ciudad, todo a raíz de la devoción originada tras milagroso suceso acontecido en torno al suntuoso Sepulcro de Cristo instalado en una de las capillas del Convento conformado por la imagen del Señor allí sepultado acompañado por estatuas de madera representativas de la Virgen, San Juan, José de Arimatea, Nicodemo y de las tres Marías.

Según la tradición de los religiosos antiguos del Convento, el Jueves Santo del año 1525 una de estas tres Marías, concretamente la que tenía en sus manos un sudario, «lloró copiosamente dia de Jueves Santo todas las veinte y quuatro horas, que estuvo el Señor en el Monumento, para significar sin duda la angustia y el dolor, que por los trabajo venideros, que ocasionarian los Moriscos, avia de padecer N. Catholicifsimo Reyno […] De aquellas lagrimas, con que manifestó el Cielo la perfidia de los Moriscos, nació la devoción de la Ciudad de Zaragoza al SS. Sepulcro de Christo N. Señor, y oy dura con mucho fruto de todos, visitando dicha Capilla en el Sacratissimo dia de la Resurreccion de el Señor y siguientes: Los que vigilan dicha Capilla, diziendo tres vezes el Padre Nuestro y Ave María, ganan todas las gracias e Indulgencias, que se ganan en Roma, dentro y fuera de sus Muros. En dicha Capilla tuvo principio la devotísima Procesión del Santo Entierro de Christo N. Señor, que con demostraciones notables de su christiana piedad instituyó en ella Don Juan de Funes y Villalpando, Marqués de Osera, a instancia de el R.P. Fr. Marcos de Guadalazara y Xavier, hijo de dicho N. Convento». [2].

También, en la concordia suscrita en presencia del notario Juan Díaz de Altarriba y datado en fecha 28 de octubre de 1554, por la que la Hermandad de la Sangre de Cristo acordaba el establecimiento de su sede en el Convento de San Agustín para llevar a cabo su labor asistencial y espiritual, siendo éste el documento más antiguo de los conservados en los Archivos de la Hermandad siendo trascrito y publicado por el historiador Ángel San Vicente Pino [3], deja constancia que la “confraria” utilizaría la capilla sita en el claustro llamada vulgarmente “del Crucifijo” para celebrar sus misas y fiestas, enterrar a los cofrades y sus sucesores y depositar el arca en donde guardarían las camisas y todos los instrumentos necesarios para el desarrollo de la procesión de disciplinantes que cada año organizaba en Semana Santa acompañados por los frailes agustinos y cuyo itinerario también quedaba reflejado en el pliego: «saliendo de San Agustín, irán a la Seo pasando por la casa de doña María Cariñena; de la Seo al Pilar y de aquí a San Antón y San Pablo por la Cedacería y Coso arriba hasta San Francisco, el Hospital, San Gil, San Pedro; y al cabo de la calle volviendo por la Magdalena al dicho monasterio de San Agustín», si bien esta procesión se desarrollaba en la noche del Jueves Santo.

Finalmente, también es conocida la organización, por parte de la Venerable Orden Tercera, de otra procesión del “Santo Entierro” en la tarde del Viernes Santo hasta la Guerra de la Independencia, ya que tras ésta, la Hermandad obtuvo el privilegio exclusivo de celebrar el Santo Entierro además de prevalecer su Sepulcro sobre cualquiera que hubiera en la ciudad. [4]

En cualquier caso, pese a estas controversias, la percepción de la conformación en el año 1617 de una única y nueva procesión a celebrar el Sábado Santo fruto de la unión de otras procesiones independientes entre sí organizadas por entidades distintas, está totalmente aceptada por diversos estudiosos en la materia y por la propia Hermandad.

Una fecha que ya se encontraba referenciada, aunque de forma indirecta, en el libro de actas de la Cofradía de la Santísima Vera Cruz de Barbastro en donde el Prior de la misma, el escultor y arquitecto Pedro de Ruesta, proponía en 1619 la organización de una procesión del “Santo Entierro” en la localidad oscense «como se hacía en Zaragoza desde dos años antes» construyendo para ello, junto a Marcos Gallarza y Domingo del Campo, el paso y la imagen del “Cristo Yacente”, los estandartes, la bandera y demás insignias [5] pero que ha quedado irrefutablemente corroborada con el hallazgo, y la consiguiente investigación, de Antonio Olmo Gracia quien hallaría en el Archivo Histórico de Protocolos de Zaragoza la licencia concedida el 21 de marzo de 1617 por el deán del Cabildo de la Seo, Francisco Lamata, de efectuar la procesión del “Entierro de Cristo” en el día del Sábado Santo atendiendo así a la solicitud de Jerónimo Mipanas, oficial de la Hermandad de la Sangre de Cristo.

Dato que, para dicho doctor en Historia del Arte y cofrade zaragozano, resulta definitivo «al no haber licencias para efectuar esta procesión en años anteriores y al omitirse, en la licencia hallada, la consabida cláusula de que la procesión transcurra por los “lugares acostumbrados”, porque de hecho el Entierro de Cristo fue una novedad ese año» [6].

La primera procesión del “Santo Entierro” se conformaría según las costumbres y ceremoniales de la época quedando especialmente influenciada por los cortejos fúnebres reales que habían sido abundantemente difundidos en obras de arte (tales como el celebrado en el duelo de Carlos V en Bruselas en el año 1558) y en el que solían desfilar un sinfín de atributos, escudos, armas y otros elementos simbólicos que dejaran patente la majestad del difunto.

Esta pompa fúnebre inspiraría la ceremonia del “Entierro” de Jesucristo, «Soberano, Rey de reyes y Señor de señores» (1Tim 6, 15). Las glorias de Cristo vendrían representadas por las “Arma Christi” o instrumentos de la Pasión, desarrollándose todo un repertorio simbólico donde aparecen banderas representando a los “Hijos de Israel” y a los continentes, figuras alegóricas, un gran número de personas portando hachas, comunidades religiosas y sacerdotes, maceros con dalmáticas y autoridades civiles, todo ello acompañado por sones luctuosos, roncos y destemplados. Siguiendo, por tanto, este modelo la descripción de la procesión zaragozana podemos encontrarla en el punto tercero de las normas de la “Contienda Poética que propone la Cofradía de la Sangre de Cristo, para exercitar su devoción” en el año 1621 [7], únicamente cuatro años después de su primera celebración, señalando que «entre muchas luces, salen aquellos honores, que se acostumbran en los Entierros de los Reyes de la Tierra pues nuestro Redemtor lo fue: y lo es (aunque no quiso Reynar temporalmente). Procede la pompa del gran difunto, arrastrando diversos estandartes, en que se ven las Insignias de las Tribus de Israel: suenan caxas roncas, y pífanos sordos: muchas imágenes devotas de los oprobios y tormentos, que padeció. Todo lo qual mueve los affectos: y causa alta devoción en las Almas».

Una escenificación que motivaría la conocida entrega a la Hermandad de las «doce banderas de las Tribus, de tela, pintadas al óleo; cuatro banderas de tela, pintadas al óleo, en ellas las cuatro partes del mundo; una bandera grande de tela y pintada al óleo y en ella las armas del Papa, del Rey nuestro, del Reino de Aragón y ciudad de Zaragoza; un guión bordado; un estandarte de tafetán negro, labrado, de los improperios de la Pasión de Cristo Nuestro Señor» llevada a cabo el 2 de junio de 1622 por D. Juan de Funes Villalpando y Ariño, señor de la baronía de Quinto, que daba cumplimiento así a la donación recogida en acta notarial firmada ante Diego Francisco Moles de 24 de marzo de 1622 [8].

Como se señalaba, la procesión del “Santo Entierro” saldría durante sus primeros años desde el lugar establecido como sede canónica de la Hermandad de la Sangre de Cristo, el Convento de San Agustín, hasta que el 12 de mayo de 1648, suscribirían un nuevo convenio con la comunidad franciscana para instaurar su sede en el Convento de San Francisco (enclave en el que ateniéndonos a la tradición y a la teoría mantenida por el Padre Murillo [9], la Hermandad ya había permanecido desde la construcción del propio monasterio en 1286 hasta el citado traslado al convento agustino) instalándose en una de las numerosas capillas de las amplias naves de la Iglesia Conventual la que sería llamada del “Cristo en el Santo Féretro” trasladando también al mismo lugar su ya numeroso inventario de imaginería y enseres entre el que se encontraba el excepcional retablo-relicario de ébano y marfil con escenas representativas de “la Pasión”.

Una capilla, que en 1678 sería reformada al contratar para la ornamentación de la misma los servicios de Jerónimo Secano, firmándose por los mayordomos José Laborda y Juan de Romagos un acta de capitulación con el artista por la cual debía pintar en su interior varias escenas como la Entrada de Jesús en Jerusalén, el Prendimiento «como está en el quadro de Baldí», la Virgen, San Juan y la Verónica y con un Crucificado «como está en la estampa de Rubens que ha entregado a la dicha cofradía» [10] todo bajo la presidencia de la imagen insignia de la Hermandad y emblema de toda la Semana Santa zaragozana, el Santo Cristo de la Cama.

El Santo Cristo de la Cama.

Sobre el origen y fecha de datación de esta talla de madera policromada y tamaño natural, es imposible precisar, aunque ya el Padre Roque Alberto Faci en 1739 menciona «en el del Santo Sepulcro se venera el Señor bajado de la Cruz; de esta S. Imagen se podría decir mucho, si por descuido (y quizá por culpa) de los Secretarios de dicha Cofradía, no se hubieran perdido los Libros antiguos de ella, en que se trataba de su fundación, y favores de esta Sta. Imagen: a ellos nos remite la Historia M.S. de dicho Convento; pero hoy sin fruto, y remedio pues no se hallan: diré lo que ha quedado notado en los cuadros de su Sacristía, que como votos de la devoción, dejó ésta allí. La S. Imagen sirve para la piadosa función del Descendimiento, y después la lleva en la Procesión, que llamamos del Entierro de Cristo, y todo el año se adora en dicho Sepulcro, dando el Señor su mano a todos para adorarla, pues como saben todos, estas Imágenes se hacen en esta forma flexibles para el mayor uso de la piedad cristiana. Los favores de esta S. Imagen son el continuo socorro de tantos desamparados, como recoge la piedad de su Cofradía, para darles sepultura cristiana». [9]

Durante los Sitios de Zaragoza, la imagen fue heroicamente rescatada de las ruinas del Convento de San Francisco. El cronista extraoficial de la ciudad, Faustino Casamayor y Zeballos, relata en su obra “Años Políticos e Históricos de las cosas más particulares ocurridas en la Imperial, Augusta y siempre Heroica Ciudad de Zaragoza” [11] como fue el rescate: «El fuego enemigo siguió como siempre y hubo muchas voladuras de casas en el Coso, y mucha parte en el Convento de San Francisco; atreviéndose, no obstante, una mujer (María Blánquez) a entrar hasta la capilla de la Sangre de Cristo, y tomando una bandera de las cuatro que figuraban las partes del Mundo, avisó a unos hombres y pudieron sacar la efigie de Nuestro Señor en la Cama, que servía para las funciones de Semana Santa y con ella y dos hachas, marcharon a palacio (el Palacio Arzobispal, donde se hallaba enfermo el general Palafox), la que reverenció y adoró, aunque en cama, y mandó se llevase con hachas y se colocase dentro de la Santa Capilla».

La imagen estuvo en la Santa Capilla hasta el 12 de abril de 1811, Viernes Santo, según los datos aportados por el propio Casamayor sobre su traslado a la que sería durante dos años sede de la Hermandad, la Iglesia de Santa Cruz: «traslado de la prodigiosa imagen de Nuestro Señor en la Cama, con permiso del Gobierno, a la Iglesia Parroquial de Santa Cruz, donde por ahora se ha establecido la Cofradía, y la colocaron en el altar de San Victorián Abad, pidiendo como lo hacían en San Francisco todo el Jueves y Viernes Santo mudándolo después a la Puerta Colateral del otro lado de la sacristía, por donde frente al órgano en un nicho muy decente y con toda la veneración posible».

Finalmente, el 25 de diciembre de 1813, la Hermandad de la Sangre de Cristo se traslada desde Santa Cruz a Santa Isabel, en donde desde entonces, permanece establecida: «Deseando los Hermanos de la Sangre de Cristo acondicionar iglesia capaza donde se pudiese verificar sus deseos de obsequiar a la Santa Imagen de Nuestro Señor en la Cama, única rescatada de las muchas que tenían en su capilla, la que ha estado más de dos años en la iglesia de Santa Cruz, determinaron trasladarla a la de San Cayetano, entrando a la derecha, a cuyo fin dispusieron un Rosario general para esta noche saliese del Pilar; y que tomando la Santa Imagen la llevaron, con toda decencia y veneración, lo que manifestó dicha cofradía al público mediante carteles y esquelas a sus individuos; y en efecto a las seis y media salió en rosario general del Pilar con 3 estandartes y 2 coros de música, y habiendo llegado a Santa Cruz se forma con más de 500 hachas, yendo adelante del último estandarte la cofradía con su bandera, y en seguida la cama con la Santa Imagen, que llevaban los ciudadanos que por devoción lo hacen siempre que sale en sus procesiones de Semana Santa. Fue por la Virgen del Rosario, calle de San Gil, Cosos, Cedacería, Mercado, Arco de Toledo a la iglesia que estaba toda iluminada y habiendo colocado la Santa Imagen en el Altar Mayor, y cantando el Santo Dios con toda la música, se vino el Rosario con el mismo acompañamiento al Pilar...».

Tras estos sucesos la Hermandad encargó la construcción de una sencilla urna de madera que sustituía a la rica cama de plata perdida durante el segundo sitio. Urna que, a su vez fue reemplazada en 1855 por “la cama” realizada por el escultor murciano Antonio José Palao. Labrada en madera, dorada y policromada, tiene planta rectangular con los ángulos achaflanados donde se apoyan los símbolos de los evangelistas (tetramorfos). La parte frontal se decora con el emblema de la Hermandad y en los laterales se articulan ocho hornacinas con figuras de cuerpo entero y mediorrelieve de los apóstoles y profetas (Isaías, Pedro, Juan, Santiago el Mayor, Andrés, Tomás y Jeremías, en el lado izquierdo; y Daniel, Bartolomé, Mateo, Santiago el Menor, Simón, Judas Tadeo, Matías y Ezequiel, en el lado derecho). En la parte posterior aparece el escudo de España de Isabel II y sobre la cabecera de la cama se sitúan dos ángeles mancebos en actitud de coronar a Cristo con una corona imperial. Entre ambos ángeles se coloca un resplandor de metal en cuyo interior, de terciopelo negro, cuelga la “Medalla de Oro de los Sitios”, concedida en 1909 por el Consejo de Ministros con motivo del Primer Centenario de los Sitios.

La medalla de referencia fue diseñada por Carlos Palao y Ortubia, tras ganar el oportuno concurso convocado al efecto por la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luís. En el anverso de la misma se muestra un busto del General Palafox con el lema “PALAFOX LAUDEMUS VIROS GLORIOSOS” y en el reverso la «clásica figura del hombre desnudo que se pasea por entre las ruinas, guiando a un león de cabeza pequeñísima y con la garra derecha levantada como huido de la inevitable bola». [12]

La condecoración fue impuesta solemnemente el 17 de febrero de 1909 por el Arzobispo de Zaragoza, D. Juan Soldevilla y Romero en la Iglesia de Santa Isabel de Portugal. Curiosamente, y por los avatares de otra guerra (esta vez, la Guerra Civil española), esta medalla es entregada al gobierno nacional en 1936 ante su requerimiento de oro y joyas para costear los gastos de la contienda bélica, siendo nuevamente reimpuesta una similar el 17 de febrero de 1959 en una ceremonia presidida por el Arzobispo de Zaragoza, en este tiempo, D. Casimiro Morcillo González.

El “Santo Entierro” en la actualidad

El cortejo procesional se inicia con la bandera de la Hermandad organizadora a la que le suceden un muñidor, que con el sonido de sus campanas anuncia el paso de la procesión, acompañado de las “escalerillas” con atributos de la Pasión y seguido por varios personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento, como las doce Tribus de Israel, las figuras bíblicas que anunciaron la venida de Cristo (Abraham con su hijo Isaac, Moisés, Aarón, Melquisedec y David), el “Pueblo Hebreo” o la “Samaritana”.

A continuación, participan las veinticuatro cofradías y hermandades de la Semana Santa Zaragoza portando sus pasos y ordenadas según el momento cronológico al que refiere su advocación dentro de la Pasión y Muerte de Jesucristo (excepción hecha de la Hermandad de Cristo Resucitado que participa en primer lugar, en calidad de invitada, con la imagen de “Santa María de la Esperanza y del Consuelo”).

Detrás de todas ellas, y presidiendo el cortejo, aparece el “Santo Cristo de la Cama”, eje principal de la Procesión del Santo Entierro y, por lo tanto, pilar fundamental de la propia historia de la Semana Santa en Zaragoza que es portado en cada ocasión que sale a las calles zaragozanas [13] por miembros de la llamada “Sección de la Cama” quedando precedido por pebeteros y hachones y siendo tradicionalmente custodiado (al menos desde finales del siglo XVII) por la conocida “Guardia Romana”.

Aunque ya constaba la presencia de soldados romanos en la “Procesión del Santo Entierro” desde al menos 1700, a raíz del proyecto de reforma llevada a cabo en 1914 quedaría fundada la “Guardia Romana” como sección dependiente de la Hermandad de la Sangre de Cristo con el fin principal de dar «guardia de respeto» a la imagen del “Cristo de la Cama” tanto en sus salidas procesionales como en sus exposiciones a la pública veneración, especialmente durante los días de Jueves, Viernes y Sábado Santo.

Compuesta por un oficial, tres decuriones (equivalente a cabo) y treinta guardias efectivos, puede ingresar en la sección quien fuese «hermano espiritual de la Hermandad, varón y seglar; tener 23 años cumplidos, sin exceder los 40; observar buena conducta moral y religiosa; alcanzar talla no inferior a 1,65 metros; no padecer enfermedad o defecto físico que le merme las facultades necesarias para el servicio» (artículo 6º de los Estatutos).

Desde el año 2001, visten con unos uniformes realizados en Jaca que reflejan fielmente los utilizados por la Legión VIII que se encontraba en Judea en tiempos de Cristo y que se compone de: camiseta y medias de algodón blanco sobre las que ponen la túnica hasta la rodilla y la “lorica segmentata” o coraza de cota de malla sobre la que va el “cingulum militare” con tiras de cuero colgantes para proteger las piernas, completándose con capa roja. Calzan sandalias de cuero (“caligæ”) y la cabeza va cubierta por una “gálea” o casco imperial realizado en cuero con penacho. Como armas usan el “gladius” o machete, un “pilum” pesado o lanza y el “scutum” o escudo con el distintivo de la Legión.

Finalmente y concluyendo el cortejo se sitúan los hermanos receptores y aspirantes de la Hermandad, el banderín de la ciudad, donado por el Ayuntamiento de Zaragoza en el acto anteriormente citado celebrado en 1959 y que, procesionalmente, es portado por el Hermano Decano, el “Estandarte Real” regalado por la Reina Isabel II en 1860, los Hermanos Mayores de las Cofradías participantes y las autoridades eclesiásticas y civiles.

Notas de Referencia:

[1] "Renovación del Breve expedido en Roma a veintisiete de Febrero del año mil seiscientos sesenta y seis, por nuestro Santísimo Padre Alejando VII". Publicado en el Apéndice II de los Estatutos de la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad y del Santo Sepulcro de Zaragoza. 1947.

[2] Padre Roque Alberto Faci: “Aragón, Reyno de Christo y dote de María Santísima”. Zaragoza, 1739. Pág. 42.

[3] San Vicente Pino, Ángel: "Instrumentos para una Historia Social y Económica del Trabajo en Zaragoza, en los siglos XV a XVIII" Tomo primero. Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, 1988.

[4] García de Paso Remón, Alfonso y Rincón García, Wifredo: "La semana santa en Zaragoza". Unali, Zaragoza. 1981.

[5] Preámbulo de los Estatutos de la Junta Coordinadora de Cofradías de la Semana Santa de Barbastro", 2003; García de Paso Remón, Alfonso: "Aragón en Semana Santa. Rito y Tradición en las Comarcas Aragonesas". Gobierno de Aragón, 2006.

[6] Olmo Gracia, Antonio: "La Semana Santa en Zaragoza entre 1596 y 1628 a través de unas licencias de salida procesional inéditas". Redobles nº16. Asociación Cultural Redobles, 2014.

[7] Contienda poética que propone la Cofradía de la Sangre de Christo para exercitar su devoción". En Çaragoça: Diego de la Torre, 1621. Disponible en Biblioteca Virtual de Aragón.

[8] López Peña, Cristina: "Las Artes en Aragón en el siglo XVII según el Archivo de Protocolos Notariales de Zaragoza. De 1622 a 1624". Institución "Fernando el Católico" (CSIC). Zaragoza, 2006. P. 30.

[9] Padre Roque Alberto Faci: “Aragón, Reyno de Christo y dote de María Santísima”. Zaragoza, 1739. Pág. 40.

[10] Blasco Ijazo, José: "Historia de la Muy, Ilustre, Antiquísima y Real Hermandad de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre de Dios de Misericordia". Zaragoza, La Cadiera, 1958.

[11] La obra fue reeditada en 1908, con el título “Los Sitios de Zaragoza. Diario de Faustino Casamayor”, con prólogo y notas de José Valenzuela la Rosa, Biblioteca “Argensola”, Zaragoza, Cecilio Gasca. Librero, 1908.

[12] Blasco Ijazo, José: “¡Aquí...Zaragoza!”, tomo II. Artículos publicados en el diario “El Noticiero”.

[13] Además de presidir dicha procesión cada Viernes Santo, la venerada imagen ha salido a lo largo de los siglos en rogativas procesionales extraordinarias celebradas por la Hermandad para pedir al Señor el beneficio de la lluvia (años 1680, 1683, 1703, 1713, 1744, 1748 y 1780) y la desaparición de plagas (en 1688 y, la última de ellas, el 9 de agosto de 1885, a causa de la epidemia de cólera que asoló la ciudad, participando en la procesión más de 10.000 personas, autoridades civiles, militares y eclesiásticas). La última salida procesional extraordinaria de la imagen tuvo lugar el 14 de febrero de 2008 para conmemorar el bicentenario de su rescate. En esta magna procesión participamos con nuestros dos pasos titulares ocupando el lugar indicado por la Hermandad de la Sangre de Cristo, tras la Cofradía del Stmo. Ecce Homo, y siguiendo puntualmente las indicaciones de sus responsables.  

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Fotografía principal: el “Santísimo Cristo de la Cama”, durante la procesión del “Santo Entierro”, concretamente la del año 2017 cuando se conmemoraba el cuarto centenario de la primera salida documentada de dicha procesión (fotografía de David Beneded). Fotografías secundarias: salida de nuestros titulares para incorporarnos al “Santo Entierro”, única procesión en la que ambos pasos salen juntos (fotografía de Mario Gambra); guión de la Cofradía tras la imagen titular de la Cofradía del Santísimo Ecce Homo y Nuestra Señora de las Angustias (fotografía de Jorge Sánchez); el Cetro de nuestra Cofradía tratando sobre el discurrir de nuestra participación en la procesión con un hermano receptor de la Hermandad de la Sangre de Cristo (fotografía de David Beneded).