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Fotografía principal: paso de “María Santísima de la Amargura” durante su salida procesional (fotografía Jorge Sánchez). Fotografías secundarias: diferentes momentos de la procesión: la Virgen en el interior de la Parroquia de San Felipe, celebración del “Acto de la Amargura” en la Plaza de San Roque y retorno de la procesión a nuestra sede canónica (fotografías de Pedro Lobera).

A las nueve y media de la noche del Miércoles Santo se inicia desde nuestra Parroquia la segunda de nuestras salidas procesionales en la que portamos a nuestra Cotitular mariana, puesto que es la procesión que lleva su nombre, la “Procesión de María Santísima de la Amargura”. Procesión muy asentada ya en el panorama cofrade zaragozano pero que es fruto de una evolución continuada desde incluso antes de nuestra fundación.

Con salida desde nuestra Parroquia, la procesión recorre las principales calles del casco histórico hasta llegar a la Plaza de San Roque donde, a los pies de la Iglesia de Santo Tomás de Villanueva (también conocida popularmente como la “Mantería”) y sobre las once de la noche, tiene lugar el "Acto de la Amargura" en el que recordamos y acompañamos a nuestra Madre, la Virgen María.

Pero no siempre fue así, puesto que el origen de esta procesión se remonta, como en otras muchas ocasiones en la historia de nuestra Cofradía, a la procesión organizada por la Real Cofradía del Stmo. Rosario de Ntra. Sra. del Pilar el 12 de abril de 1990 cuando, a la una de la madrugada del Jueves Santo y partiendo de la Iglesia de San Felipe, se recorría las calles de “El Tubo” portando en una peana la imagen del Santísimo Cristo de los Mártires hasta la Parroquia de San Gil Abad.

Posteriormente, ya con la fundación de nuestra Cofradía se continuó portando esta imagen, ya conocida como el “Cristo del Tubo”, en una procesión que servía de traslado de la imagen de María Santísima de la Amargura desde el Convento de las Clarisas de Santa Catalina (lugar en donde era venerada durante todo el año) hasta nuestra sede canónica con objeto de participar en los actos de la Cofradía durante los días del Triduo Pascual, especialmente, en la tarde del Sábado Santo cuando tenía lugar su procesión titular. Y es que, hasta la Semana Santa de 1997, la Cofradía realizaba una tercera procesión propia en la tarde del Sábado Santo que era la que originariamente tenía la denominación de “Procesión de María Santísima de la Amargura”. Procesión cimentada también en la procesión de carácter mariano que la Real Cofradía del Stmo. Rosario instaurara primero bajo la denominación de la “Procesión de la Soledad” y posteriormente, como “Procesión de la Santísima Virgen en el Dolor de los Misterios del Rosario”.

A raíz de la supresión de la procesión sabatina, la Cofradía reorganizó la que organizaba el Miércoles Santo, otorgándole la relevancia que requería. Al cambio de recorrido, eliminando el paso por el Convento de Santa Catalina y acudiendo con la peana del Cristo de los Mártires a la Plaza de San Roque donde se incorporaba el paso cotitular y se celebraba el “Acto de la Amargura”. Desarrollo este que continuó hasta la Semana Santa de 2004, puesto que con fecha 7 de noviembre de ese año 2004, el Capítulo General de Hermanos adoptó la decisión de organizar la procesión tal y como se realiza actualmente. Es decir, portando a “María Santísima de la Amargura” desde la misma salida y dejándolo de hacer la peana del “Cristo de los Mártires”.

La procesión actualmente comienza en el interior de la Parroquia de San Felipe, con la realización de un pequeño acto de oración y meditación con el fin de prepararnos espiritualmente, incluyendo la imploración a nuestra Madre por parte del Hermano Mayor en nombre de todos los hermanos de la Cofradía. Tras la salida, la procesión recorre las siguientes calles: Plaza de San Felipe, Gil Berges, Fuenclara, Alfonso I, Méndez Núñez, Ossaú, Estébanes, D. Jaime I, Josefa Amar y Borbón, San Miguel, cruzar Paseo Independencia, Cinco de Marzo, Plaza Salamero, Teniente Coronel Valenzuela, Coso, Plaza de San Roque donde se celebra, como ya hemos indicado el “Acto de la Amargura” prosiguiendo a su finalización el recorrido por las calles Coso, Alfonso I, Torrenueva, Plaza San Felipe, finalizando en la Parroquia de San Felipe alrededor de las doce y media de la noche.

A lo largo del itinerario se realizan varias estaciones de oración rematadas por ese otro modo de rezar que es el canto de jota y, llegados a la Plaza de San Roque, alrededor de las once y media de la noche, se celebra el “Acto de la Amargura”. Así fue este acto celebrado el Miércoles Santo, 12 de abril de 2017:

MONICIÓN DE ENTRADA
Por el Hermano Mayor de la Cofradía, Juan Ramón Giménez León

La cofradía se vuelve a reunir, un Miércoles Santo más, alrededor de ti, María Santísima de la Amargura, Madre nuestra.

A tu lado estamos recorriendo las calles de Zaragoza, proclamando nuestra fe en ti y en Jesús, tu hijo y Señor nuestro. Queremos que ese sentimiento cristiano sea cada vez más fuerte, más sólido, como una columna que sustente el crecimiento y desarrollo de nuetras vidas y de nuestra cofradía.

Este año, después de finalizar nuestro 25 Aniversario de la fundación de la Cofradía, afrontamos el año 26, con la intención de seguir fortaleciendo nuestro grupo y animando a otros hermanos a participar en nuestros actos y procesiones. Queremos  hacer pública y patente nuestra fe, dar testimonio, predicar cada Semana Santa que la Virgen nos ayuda en nuestra vida cristiana y en nuestra realidad cofrade a conocer a Jesús, y a hacerlo presente en nuestra vidas.

En la noche de hoy, todos los cofrades de Jesús de la Humillación, venimos a rezarte, a darte gracias, a pedirte por nosotros y nuestros hermanos. Que nuestra fe en ti, María de la Amargura, sea un corazón que palpite con fuerza y vibración, basado en los valores que debemos potenciar en nuestra cofradía: la fraternidad, el perdón, la solidaridad, la humildad y la entrega desinteresada. No solamente durante la Semana Santa, sino también el resto del año.  Bajo tu protección y esperanza confiamos en mantener e impulsar vivencias de verdadera cofradía, que conoce y asume su función fundamental: ayudar a los hermanos que más lo necesitan.

Alrededor tuyo, María, queremos tener un recuerdo para los hermanos difuntos, que nos siguen acompañando al hacer viva su memoria. Ayúdanos a ser capaces de ilusionar y transmitir nuestro mensaje en el presente, y llénanos de esperanza para construir un futuro verdaderamente cofrade, basado en verdaderos cristianos entregados a los demás.

Agradecemos la compañía de los representantes de otras cofradías y hermandades, también de Felipe, sacerdote que va realizar la predicación, de los joteros, de los familiares y amigos que nos seguís durante la procesión y de todos los que amablemente os habéis acercado hasta aquí.

Sed bienvenidos a  este sencillo acto de reunión alrededor de nuestra Madre, la Virgen María
.

PREDICACIÓN DEL “ACTO DE LA AMARGURA”
Por el sacerdote Felipe Cervera Vallespí.

El evangelista Juan nos dice: “Junto  a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo a quien tanto amaba, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dijo al discípulo: ahí tienes a tu madre. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió como suya.” (Jn 19 25-27)

Jesús no se guardó nada para él. Nos lo dio todo. Nos dio lo mejor que tenía, su vida, y momentos antes no dio a su madre. A nosotros nos regaló una madre y a su madre le regaló un montón de hijos. Ya no estamos huérfanos, tenemos una madre que nos cuida con cariño y María no pierde a su hijo, sino que gana un pueblo de hijos y los gana estando al pie de la cruz, en un momento difícil, lleno de dolor, de amargura, de sufrimiento en silencio. Así lo describe el poeta: "Estaba la Madre dolorosa / junto a la Cruz llorosa / en que pendía su Hijo. / Su alma gimiente, / contristada y doliente / atravesó la espada".

Hoy recordamos que María sigue al pie de la cruz de todos sus hijos crucificados y nuevamente una espada atraviesa su alma.

Hoy Jesús sigue crucificado en los cristianos que son perseguidos por conocerle, amarle y seguirle fielmente. En aquellos que son  acosados y oprimidos por luchar por la paz, la justicia, el perdón y la reconciliación.   

Sigue crucificado en las personas que nadie quiere, que son despreciadas, marginadas por  el simple hecho de haber nacido en un lugar y en una raza determinada, por tener la piel de otro color, por no coincidir con lo que unos pocos han determinado que tiene que ser el punto de referencia.

Sigue crucificado en los que sufren violencia, mujeres maltratadas, niños y ancianos abandonados, niños soldados, víctimas inocentes de las guerras, de los atentados, de la intransigencia y obcecación de unos pocos.

Sigue crucificado en los que pasan hambre y sed, en los que no tienen casa o son desahuciados de la suya, en los que sufren injusticia, en los que padecen las consecuencias del egoísmo, del afán de poder, de la venganza de unos pocos.

Sigue crucificado en los que se ven forzados a dejar su país, su casa, sus cosas, sus raíces porque su vida se ha hecho imposible, porque no tiene futuro.

Sigue crucificado en los que están en las cárceles sin que se respeten los más mínimos derechos humanos, en los que son condenados injustamente, en los que se ven en la calle y nadie quiere ayudarles llevados por el qué dirán, por el miedo, por la indiferencia.

Sigue crucificado en todos los lázaros que sufren por no encontrar una mano amiga que les ayude a aminorar ese sufrimiento.

Y a los pies de estas y otras muchas cruces más está María, gimiente, contristada, doliente, llena de amargura, con su alma atravesada por una espada, porque es madre de todos ellos.

¡Qué ingrato es el corazón humano que hace sufrir a tantas y tantas gentes! ¡Qué ingrato es el corazón humano que hace sufrir a la Madre! ¡Qué ingrato es tu corazón, mi corazón, que genera directamente tanto sufrimiento o simplemente mira para otro lado! Si queremos que  no sufra la madre no hagamos sufrir a sus hijos.   

También al lado de la cruz estaba Juan, el discípulo amado, el que nos representa a todos nosotros, el que acoge a María como madre de todos. Estemos nosotros también al lado de los crucificados, de todos los crucificados. No cerremos los ojos para que no nos pase aquello de:” ojos que no ven, corazón que no siente”. No pensemos que nada tienen que ver con nosotros. No tengamos el corazón duro.  No son gente extraña, son nuestros hermanos y necesitan la ayuda de un buen cirineo.

Santa María, madre de Dios y madre nuestra, tú que nos llevas a Jesús y nos dices: “Haced lo que Él os diga”, ruega por nosotros que somos tus hijos.

Tú que eres nuestra madre, enséñanos a vivir como hermanos que somos.
Tú que sufres por el dolor de tus hijos, guíanos por el camino del amor y de la ternura. 
Tú que aceptaste ser la madre de todos, ayúdanos a reconocer en el rostro de todos el rostro de tu hijo Jesús.
Tú que sufriste al pie de la cruz donde estaba clavado tu hijo, mueve nuestro corazón para que ni crucifiquemos ni hagamos sufrir a nadie.

A ti, que fuiste generosa como Jesús y  entregaste tu cuerpo, tu alma y tu vida al Dios del amor, te decimos: Dios te salve, María, llena eres de gracia…

 

Licencia Creative Commons El texto "Procesión de la Amargura" creado por David Beneded Blázquez para www.jesusdelahumillacion.org, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 3.0 España. Zaragoza, 2007-2017.

Fotografía principal: paso de “María Santísima de la Amargura” durante su salida procesional (fotografía Jorge Sánchez). Fotografías secundarias: diferentes momentos de la procesión: la Virgen en el interior de la Parroquia de San Felipe, celebración del “Acto de la Amargura” en la Plaza de San Roque y retorno de la procesión a nuestra sede canónica (fotografías de Pedro Lobera).