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Fotografía principal: salida de los atributos principales de la Cofradía y del paso titular (fotografía de Manuel Pelet). Fotografías secundarias: el paso titular de “Jesús de la Humillación” ornamentado con los nuevos faldones y sobrefaldones recorriendo la calle Alfonso I (fotografía de Mario Gambra); el paso titular a los pies de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar (fotografía de Mario Gambra); regreso del cortejo procesional a nuestra sede canónica culminando la salida procesional (fotografía de “PasiónZgZ”).

A las siete de la tarde del Domingo de Ramos se inicia nuestra primera salida procesional durante la Semana Santa en la que, portando el paso titular de “Jesús de la Humillación”, rememoramos el camino que siguió Cristo hasta su muerte en la Cruz a través de la predicación y rezo de las catorce estaciones que componen el Vía Crucis, ese ejercicio piadoso tan potenciado por las órdenes franciscanas, y por lo tanto, enraizado directamente con la propia génesis de las procesiones.

Como indica el “Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia” de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (Sede Vaticana, 2002), el Vía Crucis es la síntesis de varias devociones surgidas desde la alta Edad Media: la peregrinación a Tierra Santa, durante la cual los fieles visitan devotamente los lugares de la Pasión del Señor; la devoción a las “caídas de Cristo” bajo el peso de la Cruz; la devoción a los “caminos dolorosos de Cristo”, que consiste en ir en procesión de una iglesia a otra en memoria de los recorridos de Cristo durante su Pasión; la devoción a las “estaciones de Cristo”, esto es, a los momentos en los que Jesús se detiene durante su camino al Calvario, o porque le obligan sus verdugos o porque está agotado por la fatiga, o porque, movido por el amor, trata de entablar un diálogo con los hombres y mujeres que asisten a su Pasión.

A lo largo de los siglos, ha recibido las alabanzas e indulgencias de los principales prelados de la Iglesia. El Santo Padre Emérito Benedicto XVI, dijo del Vía Crucis que «es una escuela de fe que, por su propia naturaleza actúa por la caridad, en donde el Dios que comparte nuestras amarguras, el Dios que se ha hecho hombre para llevar nuestra cruz, quiere transformar nuestro corazón de piedra y llamarnos a compartir también el sufrimiento de los demás; quiere darnos un corazón de carne que no sea insensible ante la desgracia ajena, sino que sienta compasión y nos lleve al amor que cura y socorre».

Esta procesión, nuestra “titular”, apenas ha variado desde la fundación, exceptuando pequeños cambios en los recorridos. Pero incluso estos han tenido siempre lugares emblemáticos que no han variado nunca. Y es que uno de los objetivos del itinerario también es adentrarnos en un ambiente propicio para el recogimiento y la oración recorriendo alguno de los principales templos y lugares de la ciudad, no solo por el reconocido valor artístico, arquitectónico y religioso del cuadro monumental, con sus resquicios “caesaraugustanos”, sus torres mudéjares declaradas patrimonio de la humanidad, sus variados palacios renacentistas, sus templos barrocos o sus neoclásicos y modernistas edificios del casco histórico, sino por buscar como fondo los dos centros de mayor religiosidad de la bimilenaria Zaragoza, las dos catedrales, la Basílica de Nuestra Señora del Pilar y La Seo de San Salvador.

El recorrido realizado el Domingo de Ramos de 2013 variaría ligeramente del realizado en años anteriores. A las sustituciones ya ejecutadas con motivo de las obras del tranvía del año anterior, se unió el paso por algunas de las plazas más significativas del centro histórico, como las de la Santa Cruz y Ariño, quedando de la siguiente manera: Plaza de San Felipe, Gil Berges, Fuenclara, Alfonso I, Plaza del Pilar, Don Jaime I, Espoz y Mina, Santa Cruz, Plaza Santa Cruz, San Voto, Plaza Ariño, Don Jaime I, San Jorge, Pedro Joaquín Soler, Verónica, Eusebio Blasco, Coso, Don Jaime I, Estébanes, Ossaú, Méndez Núñez, Torrenueva, Plaza de San Felipe, finalizando en la Iglesia Parroquial de San Felipe y Santiago el Menor, a las 22:30 horas aproximadamente.

Como hemos indicado, a lo largo del recorrido la Cofradía se detiene en cada una de las estaciones para anunciar, a los cuatros vientos, no un discurso vano y vacío, sino un mensaje de amor, de igualdad, de fraternidad, de justicia, pues como nos recordaba también el Santo Padre Emérito, «el Vía Crucis nos muestra un Dios que comparte los sufrimientos de los hombres». Porque la Cofradía en la calle se hace testigo de que en esta sociedad es posible vivir de otra manera, contracorriente, porque otro mundo es posible viviendo desde el Evangelio.

A continuación, recordamos las oraciones y meditaciones de las catorce estaciones pronunciadas durante nuestra procesión del Domingo de Ramos de 2017, basadas todas ellas en diversos textos del papa Francisco:

PRIMERA ESTACIÓN
Jesús condenado a muerte

“La cruz de Jesús es la Palabra con la que Dios ha respondido al mal del mundo. A veces nos parece que Dios no responde al mal, que permanece en silencio. En realidad Dios ha hablado, ha respondido, y su respuesta es la cruz de Cristo: una palabra que es amor, misericordia, perdón. Y también juicio: Dios nos juzga amándonos. Recordemos esto: Dios nos juzga amándonos Si acepto su amor, estoy salvado; si lo rechazo, me condeno, no por él, sino por mí mismo, porque Dios no condena, el solo ama y salva”. (...) “La palabra de la cruz es también la respuesta de los cristianos al mal que sigue actuando en nosotros ya nuestro alrededor. Los cristianos deben responder al mal con el bien, tomando sobre si la cruz, como Jesús”.

SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús con la cruz a cuestas

“Ya lo dijo nuestro Señor: el que quiera venir conmigo, que cargue con su cruz y me siga. Y debajo de la cruz solo hay un lugar para el que quiere poner el hombre (…) Cuando uno ‘pone el hombro’ encuentra su lugar en la vida. Cuando le ponemos el hombro a las necesidades de nuestros hermanos, entonces experimentamos, con asombro y agradecimiento, que Otro nos lleva en hombros a nosotros mismos (..) Es ahí, precisamente, cuando el sufrimiento de nuestros hermanos nos toque hiriéndonos y el sentimientos de impotencia se haga más profundo y nos duela, donde encontramos nuestro camino verdadero hacia la pascua.

TERCERA ESTACIÓN
Jesús cae por primera vez

“Una de las tentaciones más serias que aparta nuestro contacto con el Señor es la conciencia de derrota. Frente a una fe combativa por definición, el enemigo, bajo ángel de luz, sembrara las semillas del pesimismo. Nadie puede emprender ninguna lucha si de antemano no confía plenamente en el triunfo. El que comienza sin confiar, perdió de antemano la mitad de la batalla. El triunfo del cristiano es siempre una cruz, pero una cruz bandera de victoria”.

CUARTA ESTACIÓN
Jesús se encuentra con la Madre

“No estamos solos. Somos muchos, un pueblo, y la mirada de la Virgen nos ayuda a mirarnos entre nosotros de otra manera: aprendemos a ser más hermanos porque nos mira la Madre, a tener esa mirada que busca rescatar, acompañar, proteger… La mirada de la Virgen nos ensena a mirar a los que miramos menos y que más necesitan: los más desamparados, los que están solos, los enfermos, los que no tienen con que vivir, los chicos de la calle, los que no conocen a Jesús, los que no conocen la ternura de la Virgen (…). En María, muchos encuentran la fuerza de Dios para sobrellevar los sufrimientos y cansancios de la vida (EG 286)”.

QUINTA ESTACIÓN
El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz

“Solo aquel que se reconoce vulnerable es capaz de una acción solidaria. Pues conmoverse (moverse-con), compadecerse (padecer-con) de quien esta caído al borde del camino, son actitudes de quien sabe reconocer en el otros su propia imagen, mezcla de tierra y tesoro, y por eso no la rechaza. Al contrario: la ama, se acerca a ella y, sin buscarlo, descubre que las heridas que cura en el hermano son ungüento para las propias. (…) De ahí que hablemos de la dignidad de la persona, de cada persona, más allá de que su vida física sea apenas un frágil comienzo o esté a punto de apagarse como una velita. La persona, cuanto más frágiles y vulnerables sean sus condiciones de vida, más digna es de ser reconocida como valiosa. Y ha de ser ayudad, querida, defendida y promovida en su dignidad. Y esto no se negocia”.

SEXTA ESTACIÓN
Verónica enjuga el rostro de Jesús

“Hoy más que nunca, se puede descubrir detrás de tantas demandas de nuestra gente, una búsqueda de Absoluto que, por momentos, adquiere la forma de grito doloroso de una humanidad ultrajada: Queremos ver a Jesús (Jn 12,21). Son muchos los rostros que, con un silencio más decidor que mil palabras, nos formulan esta petición. Los conocemos bien: están en medio de nosotros. Rostros de niños, de jóvenes, de adultos… No faltan rostros marcados por el dolor y la desesperanza”.

SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús cae por segunda vez

“Las dificultades y las tribulaciones forman parte del camino para llegar a la gloria de Dios, como para Jesús, que ha sido glorificado en la cruz: las encontraremos siempre en la vida. No Nos desanimemos: tenemos la fuerza del Espíritu para vencer nuestras tribulaciones (…). No hay dificultades, tribulaciones, incomprensiones que nos hagan temer si permanecemos unidos a Dios como los sarmientos están unidos a la vid, si no perdemos la amistad con él, si le hacemos cada vez más espacio en nuestra vida”.

OCTAVA ESTACIÓN
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén

“En las lágrimas de una mama o de un papa que llora por sus hijos se esconde la mejor oración que se puede hacer en la tierra; esa oración de lágrimas silenciosas y mansas que es como la de nuestra Señora al pie de la cruz, que sabe estar al lado de su Hijo sin estallidos ni escándalos, acompañando, intercediendo. (…) Interceder no nos aparta de la verdadera contemplación, porque la contemplación que deja fuera a los demás es un engaño. (…) El corazón de Dios se conmueve por la intercesión, pero en realidad él siempre nos gana de mano, y lo que posibilitamos con nuestra intercesión es que su poder, su amor y su lealtad se manifiesten con mayor nitidez en el pueblo”.

NOVENA ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez

“Puedes presentar al Señor tus cansancios y fatigas, como los de las personas que el Señor te ha puesto en tu camino. Puedes dejar que el Señor abrace tu fragilidad, tu barro, para transformarlo en fuerza evangelizadora y en fuente de fortaleza. Así lo experimento el apóstol Pablo: Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos, perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados. Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo (2 Cor4, 8-10)”.

DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es despojado de las vestiduras

“La cruz de Jesús nos lleva a él, que es la Verdad, el Camino y la Vida. Para los no creyentes la cruz no era más que un patíbulo, una vergüenza donde se purgaban los crímenes. Para nosotros es algo muy distinto: supone el despojo, ese despojo desde dentro… (…) La pequeñez del Reino supone despojo, el cual ira apareciendo en las diversas etapas de nuestra vida. No por casualidad, Jesús, en medio de la paz y alegría de la resurrección le recuerda a Pedro que debía seguirlo en el despojo: En verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te cenias e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevara adonde tu no quieras (Jn 21,18)”.

UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús clavado en la cruz

“Es la cruz donde Jesús asume definitivamente el fracaso y el mal; y los trasciende. Allí se manifiesta lo insondable de su amor, porque solo quien ama mucho posee la libertad y la vitalidad de espíritu para aceptar el fracaso. El fracaso histórico de Jesús y las frustraciones de tantas esperanzas son, para la fe cristiana, el camino por excelencia a través del cual Dios se revela en Cristo y actúa la salvación (…) El fracaso de Jesús se inserta en esta dinámica: cuando todo está perdido, cuando nadie queda… entonces interviene Dios; es la intervención de Dios sobre la total imposibilidad de esperanza humana”.

DUODÉCIMA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz

“Así es la actitud del corazón de Cristo. El abandono en las manos de Dios, sin pretender controlar los resultados de la crisis y de la tormenta. Abandono fuerte, pero no ingenuo... Abandono que implica confianza en la paternidad de Dios, pero que no exime el sufrimiento de la agonía: porque este abandono no tiene respuesta inmediata, incluso el mismo es acrisolado por el silencio de Dios que puede llevar a la tentación de desconfianza… es grito desgarrador en el culmen de la prueba: Padre, ¿porque me has abandonado?” En la cruz hay que perderlo todo para ganarlo todo. Allí se da la venta de todo para comprar la piedra preciosa o el campo con el tesoro escondido. Perderlo todo: el que pierda su vida por mí, la encontrara. Nadie nos obliga, se nos invita. La invitación es al todo o nada.

DECIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre

“Sabemos que María, después de la cruz, cargo el cuerpo de Jesús. Es un momento triste y sagrado que al recordarlo nos da esperanza, porque es el cariño grande de nuestra querida Madre. Así es ella con nosotros (…) Hemos de pedir a nuestra Madre esa gracia especial para nosotros: que nos ayude a cuidar de toda vida y toda la vida, la vida que comienza, la vida que se desarrolla y la vida que termina; que la sepamos acompañar y cuidar. (…) Necesitamos de la mirada tierna de María, su mirada de Madre, esa que nos destapa el alma. Su mirada que está llena de compasión y de cuidado. Por eso hoy le decimos: Madre regálanos tu mirada”.

DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús es puesto en el sepulcro

“La esperanza ahonda el alma y la pacífica, pues, al abrir el corazón, confiados en la promesa hecha, en la palabra dada, los hombres se liberan de las suspicacias y pesimismos de su razón inmediata e incluso del peso de ciertas evidencias. (…) Si no recuerdas la promesa, si no tienes memoria de lo que el mismo Jesús te dijo, no vas a tener esperanza y vas a ser prisionero o prisionera de la coyuntura, del susto del momento, de la conveniencia del momento, del temor, de la incredulidad. ¡Recuerda la promesa y mantén la esperanza!”.


Licencia Creative Commons El texto "Procesión del Vía Crucis" creado por David Beneded Blázquez para www.jesusdelahumillacion.org, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 3.0 España. Zaragoza, 2007-2017. Los textos de las estaciones del Vía Crucis proceden de textos del Santo Padre Francisco habiendo sido escogidos por el hermano Consiliario de la Cofradía, Rvdo. D. Sergio Blanco Izar.

Fotografía principal: salida de los atributos principales de la Cofradía y del paso titular (fotografía de Manuel Pelet). Fotografías secundarias: el paso titular de “Jesús de la Humillación” ornamentado con los nuevos faldones y sobrefaldones recorriendo la calle Alfonso I (fotografía de Mario Gambra); el paso titular a los pies de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar (fotografía de Mario Gambra); regreso del cortejo procesional a nuestra sede canónica culminando la salida procesional (fotografía de “PasiónZgZ”).