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Fotografía principal: componentes de la Sección de Instrumentos tocando el tambor durante una de nuestras procesiones (fotografía de Pedro Lobera). Fotografías secundarias: tambores en diferentes momentos procesionales de nuestra Cofradía  (fotografías de Pedro Lobera y Mario Gambra); tambor en cuya caja se le ha acoplado una “caja china” (fotografía de David Beneded).

Decía sobre los tambores el cineasta Luis Buñuel, aragonés universal y calandino de pro, "ese fenómeno asombroso, arrollador, cósmico, que roza el inconsciente colectivo, hacen temblar el suelo bajo nuestros pies". Conseguida definición de lo que supone la presencia del tambor en la Semana Santa aragonesa, convertido ya en una de sus señas más reconocibles y arraigadas.

La historia de este instrumento es, ante todo, la historia de sus usos militares. Desde la época de Carlomagno los tambores resonaron en las batallas recibiendo el nombre de "tympanon" por los griegos y de "typanon" (o "tympanum") por los romanos. En la época medieval aparece un instrumento con bordones denominado "tabor" cuya utilización se extendió por toda Europa tras ser introducido en España a través de los árabes y por el norte de Europa por los turcos; dos versiones que diferían en su forma, pero que básicamente utilizaban el mismo proceso de producir sonido. Consistía en un tambor de dos parches, con un único bordón situado encima del parche superior, y normalmente era tocado con una sola baqueta.

Este instrumento tuvo un amplio rango de tamaños a través de los distintos lugares y épocas, sin llegar a tener una forma definitiva. Por ejemplo, el "tabor" inglés era de poca profundidad, mientras que el "tambourin" de Provence, usado en Francia, era mucho más profundo. Otros tabores medievales, particularmente en España donde se conocerían como "atabor" o "atambor", tenían un diámetro aproximadamente igual a su profundidad, estableciéndose principalmente su uso para el ámbito militar, aunque también en tamaño más reducido como instrumento folklórico.

Versiones más grandes del tabor desembocaron en un tambor denominado "sidedrum" (tambor de lado). Adoptado por los regimientos de infantería suiza en el siglo XV colgándoselos en el lado izquierdo mediante una correa de hombro o cinturón y percutiéndolos ya con dos baquetas. Expandida por toda Europa, su gran difusión viene dada por el frecuente uso en infantería francesa al ser por excelencia el instrumento más acorde para la marcha. De esta manera, el monarca francés Francisco I en torno al 1515 reglamenta su utilización introduciendo normativas sobre sus dimensiones y formas así como fórmulas rítmicas codificadas con técnicas de interpretación. Hasta el reinado de Luís XVI tenía una caja relativamente alta en relación a un corto diámetro llegando durante la revolución ha alcanzar unas dimensiones similares a las modernas. y la epopeya napoleónica sirvió para enriquecer su repertorio de "marchas", "toques" y "retretas" que dan prueba del alto grado de virtuosismo alcanzado por los instrumentistas. [1]

El tambor en la Semana Santa de Zaragoza.

Como es conocido, el tambor era utilizado en el protocolo de ajusticiamientos siendo percutido por soldados o clérigos mientras duraba el traslado del reo, la ejecución y el posterior entierro. Es por tanto que la relación del tambor con nuestra Semana Santa se encuentre profundamente enraizada con la Hermandad de la Sangre de Cristo puesto que la  asistencia a los condenados a muerte es, seguramente, la primera actividad caritativa instituida en la Hermandad pues consta ya en el convenio de adscripción al Convento de San Agustín de 1554: "la principal causa y debocion que ha mobido a los dichos confrayres de la dicha confraria para ordenar la dicha Hermandat y Confraria de la Sangre de Jesuchristo es para consolar y ayudar a bien morir como catolicos cristianos a los condempnados y sentenciados a muerte en la dicha ciudad de Çaragoça, y ayudarles a bien morir y acompanyarles por las calles asta ser muertos" [2]

Del uso en estos procedimientos debió trasladarse a las procesiones del "Santo Entierro" al ser Jesucristo, al fin y al cabo, un ajusticiado. Así, en procesiones de principios del siglo XVII ya aparecían tambores enlutados como se refleja en los versos del poema de 1628 "Entierro de Christo en Çaragoça" conservado en la Biblioteca Universitaria de Zaragoza y estudiado por el historiador y cofrade Antonio Olmo: "Los pífanos sonoros / lamentan destemplados, / murmuran enlutados / quexoxos atambores, / con fúnebre armonía / la trompa gime pía, / si bien de metal duro / insensible instrumento, / se enternece con ronco sentimiento" [3]. De similar forma, en la procesión de 1645 se menciona la presencia de un primer grupo de "pífano, caxa y ronquilla" y de un segundo de "pífano y caxa" mientras que en la salida procesional de la "Cruz de Mayo" también organizada por la Hermandad en 1647 estaba encabezada por "caxas y pífano y quatro trompetas". [4]

También, en el orden procesional de 1700 reflejado en las actas de la Hermandad, aparecerían “una caja enlutada, un pífano y un tambor”. Y tal es la identificación de estos instrumentos con la Hermandad, que incluso se generó alguna polémica alrededor suyo, como la prohibición por parte del Vicario de la Archidiócesis en 1735 de las cuestaciones del Viernes Santo "por las irreverencias que ocasionaba en el templo del Señor los instrumentos de tamboril y pífano con que pide la Cofradía de la Sangre de Cristo, impropio de un lugar Santo haciéndolo lugar de paraje de algaraza". [5]

Referencias que ya no van a desaparecer a lo largo de los años como denota el orden procesional de 1860, en donde aparecen "los dementes de ambos sexos del Santo Hospital, con su tambor y bandera" así como "tras el paso de la muerte y precediendo a las Tribus de Israel, le sigue por costumbre inmemorial, un tambor con la caja enlutada y dos pífanos, vestidos todos con túnicas tocando marchas fúnebres". [6]

Pero pese a estas notables reseñas así como a la constancia de su presencia en los distintos grupos y bandas de corte militar que han acompañado desde al menos 1823 las procesiones zaragozanas, podemos señalar que fue en el año 1940 cuando el tambor se introduce en nuestra Semana Santa, tal y como hoy lo conocemos. En ese año, la Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista, fundada Mosén Francisco Izquierdo Molins, natural de la localidad de Torrecilla de Alcañiz, incorporará un grupo de "doce tambores y una corneta del Regimiento de Infantería nº 52, a la sazón de guarnición en Zaragoza, vestidos de tercerol negro, formados de tres en fondo al principio de la comitiva y tocando marchas castrenses" [7] en su primera salida procesional en la mañana del Viernes Santo recogiendo así las esencias y la tradición de los tambores del Bajo Aragón.

En esta comarca, y aunque su esplendor y en algunos casos su recuperación, se remonta a los primeros años del siglo XX, algunos relatos legendarios narran que en Híjar esta costumbre viene relacionada con el impulso de la devoción local promulgada por la Orden Franciscana hacía 1519 en donde las gentes, tocando tambores y calderos y vistiendo sayal negro o pardo, se reunían durante el Jueves y Viernes Santo en el monte conocido como “Cabezo de la Cruz” con el fin de clamar contra la muerte de Cristo [8]. De similar manera, en Calanda se tiene constancia que, a raíz del conocido milagro sucedido a Miguel Pellicer en 1640, se organizó una procesión hasta la imagen de la Virgen del Pilar, ubicada en las afueras de la localidad, en la que muchos calandinos iban tocando el tambor. Tras este magno acontecimiento el Vicario José Herreros de Tejada y Royo propició la creación de una guardia romana a la que dotó de una pequeña banda de tambores, conocidos con el nombre de “putuntunes” [9]. También, consta que en 1678 y por iniciativa del religioso Fray Mateo Pestel aparecen, en la recién creada procesión del Pregón en Alcañiz, algunos tambores con la intención de publicar el entierro de Cristo [10].

La Cofradía de las Siete Palabras, tras la experiencia del primer año y conocida ya como "la de los tambores", pudo organizar en 1941 una sección compuesta por 19 hermanos de la propia Cofradía que, ataviados con el hábito con capirote verde, interpretaron algunas de las marchas más populares de Calanda, Híjar y Alcañiz [7], siendo tal su aceptación que pronto numerosas cofradías y hermandades zaragozanas quisieron incluir en sus procesiones secciones instrumentales propias con objeto de sustituir el acompañamiento musical que hasta entonces llevaban y que procedía de entidades externas a las propias cofradías (bandas de música o de cornetas y tambores de diversos regimientos militares o de entidades como el “Frente de Juventudes” o los “Cruzados Eucarísticos”). De esta manera, fueron fundadas las secciones instrumentales de las cofradías del Prendimiento (1953), Nazareno (1955), Dolorosa (1957), Coronación de Espinas (1958), Descendimiento (1959), Llegada al Calvario (1960) o Camino del Calvario (1962) hasta llegar, a través de los años, a las actuales veintiuna cofradías zaragozanas, que han llegado a incluir en sus filas secciones instrumentales de percusión (todas excepto las cofradías del Ecce Homo, el Silencio y la Sangre de Cristo, aunque éstas si que han sido en diversas ocasiones acompañadas en sus procesiones por secciones de otras cofradías).

Estructura y partes del tambor.

El tipo de tambor utilizado por nuestra Cofradía, y por todas las que conforman la Semana Santa de Zaragoza, ha tenido una evolución constante a lo largo de los años que han llevado a convertirlo en un instrumento con características propias.

Está formado por una caja cilíndrica que, antaño era de madera o panel, y que, actualmente está fabricada en materiales como aluminio, acero inoxidable o, los más modernos, titanio. El diámetro que presenta suele ser de 38 a 40 centímetros, aunque también se pueden encontrar más pequeños, de menos de 36 centímetros, aunque su uso sólo es recomendable para los cofrades infantiles.

Sus dos extremos se cubren con dos membranas o discos llamados parches: el superior, denominado “batidor”, sobre el que se percuten las baquetas; y el inferior, también llamado “bordonero”, bajo el que se tensa el timbre o bordones.

Antaño los parches de tambor se fabricaban, tal y como se sigue manteniendo en timbales, bombos y timbaletas, con pieles de animales. Este tipo de material producía que los parches variasen sensiblemente con la presión, humedad y temperatura, y que tuvieran que ser reafinados o cambiados con cierta asiduidad. Sin embargo, con la invención en 1956 por Chick Evans del parche de plástico (quien recurrió a un derivado del poliéster llamado Mylar) y a su posterior popularización de la mano de Remo Belli, se minimizaron la mayor parte de estos problemas consiguiendo una tonalidad mucho más estable, una mayor durabilidad e, incluso, reduciendo su coste económico.

Parches, que pese a estandarizarse rápidamente en las cajas de las baterías, aún tardarían varias décadas en llegar a la Semana Santa aragonesa. Durante los años sesenta del pasado siglo, algunos emprendedores “tamborileros” zaragozanos los fueron introduciendo de forma muy elemental en las secciones instrumentales recientemente creadas. Pero la gran revolución vino de la mano nuevamente de José Alejos Salvo “el Pepinero” quien, en 1962, estrenó en la “Procesión del Nazareno” de Alcañiz un tambor especialmente adaptado a unos parches de plástico cuyo potente toque parecía que iba “a explotar como una granada”. Este éxito le permitió, como artesano fabricante que era, desarrollar en unos meses un modelo del que muy pronto vendería 10 unidades y, que en poco más de un año, ya había sido adquirido por 150 alcañizanos, extendiéndose rápidamente por toda la comarca y, como no, por Zaragoza. [11]

El parche bordonero tiene un grosor aproximado de 75 micras, siendo los batidores algo más gruesos (unas 125 micras) al tener que soportar el percutir de las baquetas. Son conocidos, además de por su marca fabricante, por su color, siendo los modelos más frecuentes de tipo “transparente” o “cristal” (en inglés “clear”), blanco (“smooth white”), gris (“suede”) o negro (“ebony”). De esta tipología difiere también el sonido, siendo los de cristal más agudos y secos y los opacos algo más graves.

Los parches se sujetan a la caja mediante dos piezas cilíndricas denominados aros. Construidos habitualmente en aluminio aunque también se fabrican en zinc y otros materiales, tienen una altura aproximada de 3 cm y un grosor de unos 6 cm. Además, de esta labor de sujeción, los aros permiten mantener la forma cilíndrica del tambor, que por su natural y debido principalmente a la tensión de las bordoneras, tiende a deformarse.

A su vez los aros son fijados por un juego de varillas metálicas soldadas a la propia caja y que también ejercen la presión necesaria para proceder al tensado de los parches. Últimamente, y otorgándole una aspecto "retro" y elegante han aparecido en el mercado el uso de las cuerdas para el tensado. En este caso se utilizan llaves individuales para unir cada aro a la caja, pasando la cuerda a través de éstas de forma alternativa entre las situadas en el aro superior y en el inferior.

En el interior de la caja y en contacto con el parche inferior se encuentra el bordonero, también denominado bordonera o entorchado, compuesto por una serie de cuerdas sujetas entre sí y que al vibrar conjuntamente con el parche inferior al percutir el superior, confiere al instrumento su timbre y sonidos característicos. Inicialmente fabricados con tripa o piel de animal evolucionaron hasta otros materiales más duraderos como alambre rizado, cable metálico o nylon, existiendo variedad de tipos según su longitud, los mecanismos empleados para su sujeción así como por el número de filas que lo componen. Singular característica de muchos de los tambores de la Semana Santa aragonesa es la existencia del llamado "doble bordonero", es decir, la presencia adicional bajo el parche batidor de otra bordonera lo que produce un sonido especialmente agudo además de facilitar la ejecución del redoble.

Para hacer sonar el tambor se ha de percutir con dos baquetas (vulgarmente llamadas “palillos”) y que están fabricadas en diferentes maderas, predominando las de haya, carrasca y nogal. Suelen tener una longitud, más o menos estandarizada, de unos 37 cm., teniendo forma cilíndrica y reduciéndose su diámetro gradualmente hasta llegar a su extremo esférico u ovoide, denominados por su forma “bola” o “bellota”.

En las cofradías y hermandades de Zaragoza y, por tanto, en nuestra Sección de Instrumentos, es habitual que durante las procesiones y otros actos relevantes la caja sea recubierta con una gala de tela del color corporativo (en nuestro caso, negra) en cuyo centro se borda el escudo de la Cofradía, quedando rematada en su parte inferior por flecos dorados. Para portarlo, se utiliza una bandolera de cuero de color negro.

La técnica para tocar el tambor.

La técnica para tocar el tambor se basa en un conjunto de patrones básicos, musicalmente llamados “rudimentos”, que pueden ser ejecutados y combinados de muy diversas formas. Tal es la importancia de los mismos que han llegado a ser estudiados, organizados e, incluso, clasificados por la “Percussive Arts Society”. Los rudimentos más básicos que se emplean en las marchas procesionales de las cofradías zaragozanas, son los siguientes:

- “Golpe” o “stroke”, también conocido en nuestro ámbito como “baquetazo”, que es el rudimento más sencillo al percutir la baqueta en el parche batidor produciendo una única nota. Puede también ser doble (“double stroke”) al efectuar dos golpes sencillos con la misma mano, ya sea con la mano derecha (DD, en la notación utilizada habitualmente) o con la izquierda (II).

- “Paradiddle”, consistente en dos golpes sencillos seguidos de un golpe doble, (DIDD ó IDII). Cuando se tocan varios paradiddles sucesivamente, la primera nota siempre se alterna entre la mano derecha y la izquierda. De hecho, los paradiddles se usan frecuentemente para cambiar la mano de inicio del patrón.

- “Mordente” o “flam”, consistente en dos golpes sencillos tocados alternando las manos (DI o ID) en donde el primer golpe es una leve apoyadura al que sigue un golpe más fuerte con la mano opuesta. Las dos notas se tocas casi simultáneamente, con la intención de que suenen como una nota única algo más larga.

- “Redoble” o “roll”, es un sonido largo mantenido realizado por una sucesión de golpes tocados a gran velocidad. Este efecto se consigue alternando las manos y ejecutando los golpes de forma rápida para evitar que queden espacios de silencio entre unos y otros. Habitualmente se emplean varios rebotes por cada ataque, ligando un redoble con otro, realizando también acentuaciones y movimientos circulares de arrastre y presión sobre el parche.

Los rudimentos suelen ejecutarse, a su vez, en tres zonas del parche batidor, conocidas como “zonas de ataque” (en algunos parches estas zonas quedan reseñadas por círculos) produciendo diferentes sonidos y respuestas de los bordones. Habitualmente se percute en la zona central, pero para conseguir efectos de “crescendo” se suele atacar desde la zona más cercana a los aros, pasando por una zona intermedia hasta llegar a la central, aumentando la intensidad a medida que se pasa de una a otra.

El uso de los "efectos de fantasía".

Complementariamente, se suelen usar diferentes “efectos de fantasía” para adornar la ejecución de las diferentes marchas con sonidos diferentes y fascinantes tales como el llamado “tambor sordo” o "destemplao", consistente en aflojar (o incluso quitar) los bordones produciendo una singular resonancia de tono más grave, un sonido fúnebre y solemne que también puede obtenerse cubriendo el parche batidor con tela; y también se logran distintos efectos con las baquetas al entrechocarlas entre sí -como en las populares marchas palilleras-, al utilizarlas rajadas por la mitad provocando que ambas partes divididas choquen entre sí en cada "baqueteo" o golpeando con ellas en el aro superior produciendo, en este caso, un sonido seco.

Esta búsqueda un sonido más original y diferente va a ser el detonante para la incorporación de nuevos instrumentos en la secciones de instrumentos y, especialmente, en los piquetes de honor. Así surge el uso de las "cajas chinas" o de las "timbaletas".

La "caja china" (en inglés, "woodblock") es un instrumento de percusión de la familia de los idiófonos [12] consistente en un taco o bloque de madera, duro, plano y con forma rectangular que se encuentra vaciado a lo largo de medio centímetro aproximadamente en el lateral hacía la zona superior, hendidura que es la que sirve de caja de resonancia. Acoplado a la caja del tambor con unas varillas, se suele situar en la parte delantera del mismo y su sonido, al percutir las baquetas en su centro o en el borde encima de la abertura, es brillante y hueco.

Conocidas también popularmente por "palilleras", debido a su parecido sonido al de las castañuelas (y de éstas, con el palillo o chasqueo de dedos), fueron introducidas en los tambores de las agrupaciones musicales y bandas de cornetas y tambores andaluzas, importándose rápidamente en nuestra ciudad a través de los "piquetes de honor" de diversas cofradías en plena expansión durante la segunda mitad de la década de los ochenta del pasado siglo así como en algunas cuadrillas participantes en concursos y exaltaciones de los instrumentos tradicionales de la Semana Santa (como por ejemplo, en los de la Cofradía de Ntra. Sra. de la Piedad y del Santo Sepulcro a principios de 1990). Desde la pasada Semana Santa 2013, nuestra Sección de Instrumentos las incorporó ex-profeso para utilizarlas en la marcha "los miserables" en la que adquieren especial protagonismo.

Por su parte, las llamadas “timbaletas” o “timbalas” están formadas por una caja de madera con un tamaño aproximado de entre 25 y 50 centímetros, utilizando parche de piel y siendo tensadas con cuerdas, características que producen, al percutir las baquetas, un sonido muy cercano al timbal (de ahí su término). Introducidas de manera experimental por la Cofradía de las Siete Palabras en su participación en el Concurso de Hijar de 1982 y por la Cofradía del Señor Atado a la Columna en los concursos zaragozanos (ésta también utilizaba el timbal tocado con baquetas) fue popularizándose desde entonces su uso en las cuadrillas de concurso. Precisamente, en la procesión del Viernes Santo de 1985 de las Siete Palabras aparecía, por vez primera, un piquete formado exclusivamente por "timbaletas" que, según la memoria de actividades publicada por la propia Cofradía, "fue un éxito y causó admiración". Iniciativa que, de forma similar, quedaría implantada en la Cofradía del Prendimiento del Señor en 1987, cuando también crearía su propio "piquete" bajo el impulso de su delegado de instrumentos Alberto Fernández Arruga y gracias al trabajo llevado a cabo por Javier Monserrat Blasco y Rafael Fernández Gracia, quienes construyeron artesanalmente una docena de estos instrumentos con diferentes alturas.

Otra curiosa iniciativa, en este caso con carácter meramente visual, fue la emprendida por la Esclavitud de Jesús Nazareno en sus procesiones de 1958, en donde además de pintar los parches con el emblema de la corporación ocultaban en el interior de la caja una pila de petaca con una bombilla permitiendo así, en los momentos más álgidos del recorrido, iluminar los instrumentos [13].

Notas de Referencia:

[1] Blades, James: "Percussion Instruments and Their History". Bold Strummer Ltd, Westport, Connecticut. 1992

[2] San Vicente Pino, Ángel: "Instrumentos para una historia social y económica del trabajo en Zaragoza en los siglos XV a XVIII". Zaragoza, Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, 1988, tomo I, doc. 145, pp. 275-278. También en Gómez Urdañez, José Luis: "La Hermandad de la Sangre de Cristo de Zaragoza. Caridad y ritual religioso en la ejecución de la pena de muerte". Zaragoza, Asociación para el Estudio de la Semana Santa, 2004 (reedición de la obra original publicada por la Institución Fernando el Católico de Zaragoza en 1981).

[3] Olmo Gracia, Antonio: "Entierro de Christo en Çaragoça. La Semana Santa de Zaragoza en el siglo XVII a través de un poema desconocido". Redobles nº 15. Asociación Cultural Redobles, 2012, Páginas 484-490

[4] Olmo Gracia, Antonio: "La Semana Santa de Zaragoza en el siglo XVII a través de un pleito inédito". "Tercerol. Cuadernos de investigación. Zaragoza", nº 14. Asociación para el Estudio de la Semana Santa, 2011. Páginas 21-47.

[5] Gracia Pastor, Jorge: "Antiguos sonidos del Santo Entierro". "Semana Santa en Zaragoza" nº 7, 2007. Página 15.

[6] “Guía de Zaragoza: ó sea breve noticia de las antigüedades, establecimientos públicos, oficinas y edificios que contiene”. Imp. y lib. de Vicente Andrés, 1860. Página 342.

[7] Rabadán Pina, Mariano: “Cincuenta Años de Tambor en la ciudad de Zaragoza”. Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista, 1996. Pág. 189-190.

[8] Laborda Gracia, Mariano: “Recuerdos de Híjar”. Centro de Iniciativa Turística del Cuadro Artístico de Híjar, 1980, Página 422.

[9] Segura Rodríguez, Lourdes: “La Semana Santa en el Bajo Aragón”. Cartillas Turolenses nº 7, Instituto de Estudios Turolenses, 1987.

[10] Taboada Cabañero, Eduardo Jesús: “Mesa Revuelta. Apuntes de Alcañiz”. Zaragoza, 1898. Páginas 60-61.

[11] García Latas, Juan Carlos: “Personajes: José Alejos Salvo, el Pepinero”. Boletín Informativo “Siete Palabras” nº 43. Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista, mayo 1997.

[12] Este término procede del griego y significa "sonido propio". Según la clasificación de "Hornbostel-Sachs" es un instrumento musical que produce el sonido primariamente por la vibración del propio cuerpo, sin uso de cuerdas, membranas o columnas de aire. Su cuerpo, de madera o metal, es duro, pero con la suficiente elasticidad como para mantener un movimiento vibratorio.

[13] Navarro Villar, Sergio: "El mito Cortés. Sixto Cortés, el tambor Nazareno". Redobles nº 9. Asociación Cultural Redobles, Abril 2006.

 

Licencia Creative Commons El texto "El tambor, fenómeno cósmico" creado por David Beneded Blázquez para www.jesusdelahumillacion.org, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 3.0 España. Zaragoza, 2014-2016.

Fotografía principal: componentes de la Sección de Instrumentos tocando el tambor durante una de nuestras procesiones (fotografía de Pedro Lobera). Fotografías secundarias: tambores en diferentes momentos procesionales de nuestra Cofradía  (fotografías de Pedro Lobera y Mario Gambra); tambor en cuya caja se le ha acoplado una “caja china” (fotografía de David Beneded).